La historia de Talleres Castillejo empieza en los bajos de un edificio de la avenida de Madrid. En un local de 64 metros cuadrados, entre tornos, virutas de acero y olor a taladrina, Pedro Castillejo levantó por primera vez la persiana en 1959.
Desde entonces, la empresa ha vivido un proceso de transformación hasta convertirse en una ingeniería transversal que ofrece un servicio integral y cercano a clientes de sectores tan diversos como la automoción, el agroalimentario o el textil.
A la cabeza del proyecto están Pedro Castillejo y Juan Castillejo, segunda y tercera generación, respectivamente. Ambos encarnan los valores que caracterizan a las empresas familiares, cuya vocación de permanencia se sustenta en la visión a largo plazo y el compromiso entre generaciones.
Pedro atribuye la longevidad de la compañía a la prudencia y a la visión a largo plazo, a “crecer reinvirtiendo en la empresa, en lugar de crecer a cualquier precio, lo que garantiza la autofinanciación y la solidez financiera”.
En ese sentido, apunta que es preciso afrontar las crisis “como oportunidades para evolucionar y diversificar creando nuevas líneas de negocio”.
El primer hito de su trayectoria se remonta a 1970, cuando la empresa se trasladó al polígono industrial de Cogullada y comenzó a especializarse en la “fabricación de instalaciones para deshidratadoras de alfalfa y granulación de piensos”, explica Pedro.
Él se incorporó a la compañía en 1987, aportando nuevas ideas e “iniciando un proceso de transición técnica, crecimiento y diversificación hacia sectores como el alimentario o el industrial”.
A ese proceso de transformación subyace lo esencial, lo humano, aquello que permanece imperturbable con el paso de los años. “Después de 67 años, Castillejo sigue siendo la marca que respalda todo lo que diseñamos y fabricamos. Preservamos la mentalidad del fundador como motor constante de iniciativa”.
¿Qué hace que los clientes les sigan eligiendo 67 años después? ¿Qué hace especial a esta ingeniería?
Juan, representante de la tercera generación, pone el foco en el carácter integral del servicio: “Al diseñar, fabricar e instalar nosotros mismos cada proyecto, respondemos del resultado de principio a fin: lo que se proyecta es exactamente lo que se construye e instala, sin que nada se pierda por el camino”. Una implicación a la que se suma su experiencia, que les permite “responder ante cualquier reto, por complejo que sea”.
Actualmente, la empresa ofrece servicios de ingeniería, fabricación y asistencia técnica y trabaja para sectores como la automoción, el agroalimentario, la industria química y farmacéutica, la logística, el textil y los electrodomésticos.
P. ¿Cuáles son vuestras metas a medio y largo plazo?
Juan. A medio y largo plazo queremos seguir creciendo de forma responsable, consolidando cada paso antes de dar el siguiente y ampliando nuestra presencia en nuevos sectores industriales sin dejar nunca de lado la cercanía y la calidad que nos han definido hasta ahora.
También queremos seguir innovando y adaptándonos a las nuevas tecnologías que vayan apareciendo en nuestro sector, igual que hemos hecho hasta ahora, para seguir dando una respuesta de calidad y garantía a nuestros clientes.
Más allá del progreso técnico, económico y profesional, la empresa que la familia imagina en el futuro debe ser fiel a los valores que la han traído hasta aquí: la cercanía, la calidad y el trato personalizado con el cliente.
Así lo matiza Juan: “Me gustaría que, aunque la empresa siga creciendo, esos valores sigan siendo la seña de identidad de Talleres Castillejo, igual que lo han sido durante estas dos primeras generaciones”.

