Han pasado 80 años. Aquel pequeño taller del barrio Arrabal es ahora una nave de 10.000 m² y la ilusión de sus fundadores se ha convertido en un proyecto consolidado con 375 trabajadores.
Y es que en Grávalos han encontrado la receta del éxito para la continuidad empresarial. Aunque aseguran que no solo existe una, han identificado “algunos factores clave” para poder pensar a largo plazo: “Contar con un equipo humano sólido, conocer muy bien los mercados en los que operas y tener la capacidad de invertir de forma constante en tecnología, procesos y organización, manteniendo un equilibrio entre ambición y prudencia”.
Su historia empezó en 1946, ligada a la fabricación de pequeñas piezas metálicas. Hoy, cuentan con presencia productiva en Polonia y Marruecos y son un referente en industrialización, fabricación y ensamblaje de piezas técnicas de inyección de plástico e inducción. Trabajan con sectores exigentes como la automoción, los electrodomésticos y las aplicaciones industriales. El camino hasta llegar ahí ha sido largo, “apasionante y exigente. En algunos momentos complejo y duro”. Aunque, sobre todo, “motivador e ilusionante”.
En estas ocho décadas, se han profesionalizado, invertido en tecnología y adaptado sus procesos a las exigencias técnicas y organizativas de sus clientes, que están en el centro de todas sus decisiones: “Si no das un buen servicio y no cumples, el negocio no se sostiene”.
P. ¿Qué hitos han supuesto un punto de inflexión en vuestra trayectoria?
R. Ha habido varios momentos clave. La modernización de nuestras instalaciones, el inicio de la internacionalización y la profesionalización de la gestión han marcado etapas importantes.
Cada uno de estos hitos nos obligó a repensar cómo trabajábamos, cómo nos organizábamos y qué tipo de empresa queríamos ser frente a nuestros clientes.
Grávalos empezó su andadura en el mercado internacional en la década de los 80, exportando piezas a países como Tailandia, Singapur o Indonesia. Sin embargo, “el gran salto vino más adelante”: en 2005 inauguraron una sede de Łódź y en 2021 otra en Tánger.
Además, los componentes que fabrican forman parte del día a día de “cientos de centros productivos repartidos por distintos países”, aunque el usuario final no sea consciente de ello. “Esa presencia silenciosa, pero crítica, es precisamente lo que define nuestro trabajo: piezas que tienen que funcionar siempre, sin margen de error”.
Desde Grávalos explican que para conseguir la fiabilidad y rigor técnico que le caracterizan es fundamental el papel que juegan “unos equipos muy comprometidos, que trabajan cerca del cliente, entienden sus procesos y anticipan problemas antes de que aparezcan”. En su caso, compuestos mayoritariamente por mujeres.
P. En un sector tan masculinizado como el del metal, el 60% de vuestra plantilla está compuesta por mujeres, ¿cuál es la clave para atraer talento femenino?
R. Creemos que la clave está en ofrecer un entorno profesional serio, estable y basado en el mérito. Aquí las oportunidades dependen de la capacidad y del compromiso, no del género.
También cuidamos mucho el clima laboral, la formación y la conciliación, lo que nos permite atraer y fidelizar talento diverso en un sector tradicionalmente masculinizado.
Otro ingrediente fundamental en su receta para la continuidad empresarial es su capacidad de pensar a largo plazo, “evitando decisiones cortoplacistas que pudieran comprometer la sostenibilidad del proyecto, incluso cuando eso implicaba ir más despacio”.
Con 80 años a sus espaldas siguen mirando al futuro. Como siempre, poniendo al cliente en el centro de sus decisiones, adaptándose al contexto y confiando en su equipo.
P. A 20 años del centenario, ¿cuáles son los principales objetivos para 2046?
R. Nuestro objetivo es llegar al centenario como un grupo industrial sólido, diversificado y sostenible, con un mix de negocio equilibrado y una reputación clara como partner industrial de confianza.
Queremos seguir trabajando con clientes que no solo piensan en el presente, sino también en el futuro, incluso más allá de 2046. Para eso es clave una gestión de portafolio muy afinado, capaz de convivir con productos maduros que siguen siendo necesarios y, al mismo tiempo, desarrollar soluciones nuevas que el mercado esté realmente dispuesto a adoptar.
Para nosotros, la innovación no es hablar de lo nuevo, sino conseguir que lo nuevo se compre, se ponga en producción y funcione.

